Essaouira

Tomamos el colectivo que nos llevaría a esta ciudad que se encuentra en la costa del Atlántico. Un viaje de aproximadamente 5 hs., atravesando amplias extensiones de campo, repletos de argan, y el espectáculo que resulta de ver las cabras trepadas en los arboles comiendo sus frutos.

El colectivo hizo una parada de aproximadamente 1 hs., que nos permitió estirar un poco las piernas y visitar una productora de aceite de argan y el resto de sus derivados.

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Seguimos viaje para llegar a Essaouira, un pueblo absolutamente distinto a todo lo que veníamos viendo. Mucho mas tranquilo, con una costanera para disfrutar de día y de noche. Denotando su antepasado moro, sus costas se encuentran protegidas por murallas y cañones que datan de 1600.

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Su mercado es mucho menos agitado que el de Marrakech, y de hecho aquí el regateo no es admitido, se los puedo decir por experiencia propia.

Nosotros nos alojamos una noche en el Riad Malaika, un poco alejado de la plaza principal. Arribamos por la tarde y nos estaban esperando para realizar el check-in, con un rico té y algunas cositas para comer. El lugar muy acogedor, típico Riad, con habitaciones modernamente ambientadas, y equipadas con todos los servicios. Su personal muy amable y dispuesto a brindar todo tipo de información.

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Definitivamente Essaouira es el lugar para terminar la estadía en Marruecos, para bajar un poco la adrenalina, descansar, disfrutar de los atardeceres y amaneceres, caminar su costanera, disfrutar de una cerveza en algún bar, y degustar un poco de la gastronomía marroquí.

Al día siguiente partimos a la terminal rumbo a Marrakech, y de ahí vuelo a España para terminar nuestra vuelta en Madrid.